Sublima el goce y el sufrimiento. Se expande y se contrae hasta su fragmentación, transgrede con su desnudez. El cuerpo ha sido atravesado por la política, el discurso científico, el poder. Su naturaleza más íntima y ancestral engendra el deseo que es lo que mueve a toda acción humana.
El deseo rebasa toda lógica y el cuerpo sucumbe ante el conflicto satisfacción-frustración produciendo una separación en la atención del individuo: le pongo atención a lo que deseo porque allí me jala el subconsciente pero cambio al siguiente instante y le pongo atención al deber porque he construido una serie de circunstancias externas a mí. A partir de este conflicto, planteo una fragmentación representada por el cuerpo en la que cada fragmento “funciona cada cual por su lado”.
Muchos deseos inconcientes son gestados en las entrañas del cuerpo, comer, dormir, etc quizás sean los más notorios y por ello sean definidos como necesidades, sin embargo hay un deseo más elemental que es el deseo de ser entendido, estar cierto de que el mensaje emitido ha sido decodificado.
Según el psicoanálisis lacaniano, el cuerpo del bebé funciona como si estuviera fragmentado debido a que su cerebro aún no es capaz de coordinar su cuerpo lo que causa miedo y angustia. Esta situación de caos empieza a disolverse cuando el bebé descubre su imagen reflejada en el espejo ya que observa que hay comunicación con ella pues la imagen reflejada imita sus movimientos. El primer espejo lo encuentra en la mirada de la madre que lo mira, si él sonríe que la mamá sonría, si él llora que la mamá reaccione. Esta comunicación pre-verbal es fundamental para el ser humano.
Esta es la materia prima que nutre este proyecto: la búsqueda de la mirada del “otro” con la cual satisfacer el deseo de ser entendido. Su búsqueda la propongo a partir, primero de la confrontación con el espejo: “lo que creo que soy” y “lo que refleja la imagen”. En el espejo percibo como primera sensación a alguien que esta afuera de mí, es decir a “el otro”, inmediatamente después reconozco la imagen reflejada, la asimilo como “lo que soy”, pero también esa imagen me cuestiona. La experiencia especular me fragmenta con sus juicios hacia mis emociones, mis acciones, mis decisiones. De alguna manera esta confrontación deconstruye a la que creo que soy y me trato de agarrar de algún fragmento de esa imagen, de una parte aislada, de uno de esos pedacitos, para saberme “yo”.
Lo que me interesa de este proceso de deconstrucción es la posibilidad de reinventar el propio cuerpo a través de recuperar esas partes y crear nuevas construcciones, proponiéndole al espectador una mirada diferente. Como plantea Jacques Lacan en su Teoría del Espejo: “El ser humano se va estructurar en la mirada del otro y nosotros somos lo que somos porque fuimos mirados de una determinada manera”.